Me asombra cómo se habla últimamente de la posible nueva edad de jubilación.
En los últimos días, el gobierno ha lanzado un globo-sonda insinuando que la nueva edad para dejar de ejercer una profesión debía ser la de 67 años.
Cierto es que nuestro sistema de pensiones se tambalea debido al envejecimiento de nuestra población pero... ¿es este el remedio? Se ha discutido ya muchas veces lo cual quiere decir que la idea no es nueva y que se está planteando seriamente.
En diversos medios se han lanzado a criticar la medida aduciendo que profesiones como la de encofrador, minero,... no son susceptibles de albergar a trabajadores de tan avanzada edad. Y yo me pregunto: ¿y los docentes? Parece que el hecho de trabajar dentro de un aula nos exime de todas las dificultades laborales y que podemos desarrollar nuestra profesión indefinidamente.
Pues desde este espacio me lanzo ferozmente a defender que, sin se físicamente tan dura como otras nombradas, nuestra tarea es tan exigente, tan absorbente, tan frustrante, tan abrasiva, tan... que es imposible (o al menos desaconsejable) que lleguemos a ejercer con esa edad.
La docencia es un ejercicio que te pide el 110% de ti mismo cada día. Es un trabajo que te llevas a casa no sólo en forma de exámenes o ejercicios sino también en forma de conflictos con alumnos, con compañeros, con padres, madres, inspectores y administración en general. Siempre se le está dando vueltas a nuestra profesión, se debate sobre ella en cualquier foro, todo es opinable, y por supuesto, la legislación nunca está de nuestra parte.
En ese escenario, caminando sobre el alambre, pasan los cursos y cada vez es menor la motivación, cada vez son menores las ganas de salirse del guión establecido y es ahí cuando se necesita gente joven, no intoxicada aún por esta sociedad tan hipócrita, que empuje con sus ganas y se apoye en la experiencia de los más veteranos.
Aboguemos, queridos compañeros de profesión, por una jubilación honrosa y digna. Unámonos y no nos dejemos comer terreno. Tenemos la sartén por el mango pero debemos caminar juntos y convencidos, no seamos más ese gremio tan dispar, tan voluble y tan variable como el viento. Trabajemos y cuidemos a los demás, incluyéndonos en ese "demás".
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